El artista madrileño repasa sus cuatro años en la escena, el legado de SHAMAN y por qué, en la era de la saturación musical, tomarse el tiempo es también una decisión creativa
Elías, aka Saiil, es un cantante madrileño, orgulloso de Vallecas, que lleva en activo desde 2022 de manera oficial por la salidilla de lanzamientos debut ZELDA, KISSES, PAPARAZZI.
Tras un 2026 sin estrenar ni actividad general desde febrero de 2025, nos cuenta en este nuevo Rayos de Sol sobre su música, su proyecto y en qué ha estado involucrado.

Acercamientos a la música y actividad
Elías empezó cercano a la cuarentena de 2020. Al igual que muchos, este fue un tiempo de reflexión y catarsis, sobre todo para el descubrimiento de más de un artista. En ese entonces, el escribir canciones plasmando lo que sentía en un papel estaba presente, pero no se acompañaba del siguiente paso, grabarse, ni tampoco había idea de cómo hacerlo.
“Tampoco quise investigar nunca porque pensé que estaría muy lejos de poder crear algo: no tenía noción musical, no tenía ordenador en casa para producir (…) Fue a partir de unos amigos míos de aquí de la zona, de Vallecas, que tenían un poco más de noción”
Ellos le enseñaron, ya en 2022, cómo desenvolverse en un estudio. La llegada de ZELDA reafirmó su crecimiento y, aunque reitere que haya sido un proceso muy amateur, dejó la vara alta su gran tema debut, que supuso la primera cincelada para su carrera como profesional.

¿Qué recuerdos tienes de esos comienzos?
R: Siempre he sido un paquete para adaptarme bien a grabar voces. Me ha costado muchísimo, me repito mil veces las tomas. Es una manía que tengo porque, de siempre, la costumbre de grabarme en casa con un poco de delay —sea porque el ordenador era una patata, sea porque el crack que me pillé era otra patata— siempre tuve algún tipo de problema. Me grababa un poquito adelantado o un poquito atrasado, dependiendo, y tenía que repetirme veinte veces cada toma. Acababan todos hartos de mí y del momento de grabarme. Por eso ZELDA al final tiene menos parte mía: precisamente por el cansancio que suponía grabarme.
“Acababan todos hartos de mí y del momento de grabarme”
¿Qué notas distinto en ti respecto a esos comienzos?
R: Creo que lo que más ha cambiado es mi escucha. A día de hoy tengo un poco más de noción y, sobre todo, más oído, con el que he entrenado. Siempre he considerado que escuchaba gran variedad de música, pero tanto mi círculo de amigos como mi familia me han enseñado un montón de música a la que podría haber accedido por otras maneras, pero que me hubiera costado mucho más. Y eso hace que, al final, de entrenar tanto el oído, también puedas adaptarte y hacer otras cosas que a lo mejor te exigen haber escuchado ciertas cosas para crear algo que sea mínimamente interesante.

Preguntas relámpago ⚡️
¿Cuáles son tus influencias musicales actuales?
R: Mk.gee, Dijon, Bon Iver, Frank Ocean. Y aunque parezca repetido, Kanye por encima de todo —en absoluto, tanto en música como en producción—. Pero ahora mismo lo que más escucho son esos cuatro.
Con tres palabras o una frase, ¿cómo definirías el tipo de música que haces?
R: Sentimiento en el momento.
¿Qué canción recomiendas para alguien que no te conozca?
R: Tengo tres en el podio: VUELAS ALTO (13), COSTUMBRES (8) y COMO YO TE VEO (6) —todas estas de su proyecto de 2024, SHAMAN—.
¿Qué objetivos te gustaría lograr con tu música?
R: No soy ambicioso en ese sentido. No te voy a decir lo típico de llenar una sala o alcanzar X oyentes. Lo que quiero es sentirme a gusto y lleno con lo que hago. Que cada vez que saque algo, vuelva a sentir eso. Es algo más espiritual —que estoy en el momento y estoy a gusto donde estoy.
Hablemos de SHAMAN
En 2024 estrenaste tu primer y único proyecto de larga duración hasta la fecha: una recopilación de temas bajo el título de SHAMAN. Un álbum al que mucha gente sigue volviendo.
¿Qué querías plantear con este proyecto?
R: SHAMAN nace un poco de dos años haciendo música a tope, intentando plantear un sonido que fuera cercano entre canciones; que no se distanciase mucho. Había tocado muchos palos —trap, plug, hyperwave, breaks—, y no estaba conforme con ninguno. Fue a partir de hacer música medianamente similar entre todas que encontré algo. No te puedo decir qué género es, y tampoco creo que nadie me lo diga, porque cada canción tiene un mundo, pero todas comparten un sonido. Aparte de mi voz y las vocales que utilizo, también a nivel de producción guardan una coherencia.

¿Y en cuanto a la producción?
R: La producción es, casi toda, de YouTube. Yo no tenía medios, nunca he sabido producir. Eran beats de gente americana que ahora está hiperpegada, como es el caso de Sapjer, un tío que ahora está produciendo prácticamente todo el último álbum de Yeat. Es alguien que subía sus beats a YouTube —type beats de Kanye West, Bon Iver, lo que sea— y a partir de ahí salieron las producciones. Y todas se parecen bastante entre sí, lo que ayudó a darle coherencia al proyecto.
¿Alguna anécdota de la grabación?
R: Teníamos un estudio, y cuando empecé el álbum, uno de los primeros temas —que creo que fue UNA CRUZ— lo grabé en un antiguo estudio que teníamos también en la zona donde vivo. Pero dio la casualidad de que nos salió la oportunidad de alquilar uno al lado de casa, y todo el álbum surgió de eso, de la cercanía. Cada vez que tenía una idea, la grababa como una demo muy cruda en el ordenador, me iba al estudio y la hacía. Está bien equipado, es un sitio donde hemos invertido mucho tiempo y dinero. Ahí fue donde realmente hice todo el álbum.
Y a nivel de colaboraciones, las que hay surgieron de cosas naturales. Eflexx, por ejemplo, que es uno de los colaboradores, fue también el encargado del mix y el master de todo el álbum. Todo vino de que ya nos conocíamos, éramos buenos colegas, pero fue a partir de trabajar juntos en el proyecto que nos hicimos inseparables. Y fue él quien me dio mucho de la visión y el sonido hacia donde tenía que llevar SHAMAN.
¿Te sigues sintiendo representado con SHAMAN?
R: Sí, porque yo creo que todo artista muchas veces dice lo típico de ‘es que ya no me siento representado, mi vida ha dado muchos giros’. Sí, pero también fuiste esa persona que hizo todo eso. SHAMAN representa todo mi 2023 y mi 2024 hasta el momento en que salió. A partir de entonces sigue siendo mío, pero es fruto de mi pasado. Es también un álbum que me hace recordar los momentos solos que grabé, los momentos en que escuché esa canción y me puse a darle mil vueltas a lo que tenía que hacer para acabarla. Y la gente que me dice que lo ha seguido escuchando, me dice lo mismo: no se caduca. Dentro de eso, sin ser un bum al que volver cada día, creo que dejé un buen legadito.

Tras tu último lanzamiento, ¿qué es lo próximo que le espera a tu carrera?
Llevamos seis meses de 2026 y lo último que se supo de Saiil fue el 21 de febrero de 2025, con la salida de MI NOMBRE. Silencio calculado.
R: No me pongo ningún tipo de presión porque voy haciendo lo que me sale en el momento. He estado tanto tiempo parado porque realmente no tenía nada que decir, nada que me interesase decir. He seguido haciendo cosas y tengo un montón de temas, pero a lo mejor no es el momento, o yo no siento que sean lo suficientemente buenos como para sacarlos, o que realmente digan algo que yo quiera decir. Y cada día de mi vida van cambiando cosas, y eso se refleja mucho en la música. A lo mejor un día me encanta un tema, y a la segunda escucha digo: esto no es por donde yo quiero tirar.
Entonces no me pongo presión. A lo mejor nada más termine esta entrevista grabo una canción que me encanta y en dos semanas he sacado tema. O a lo mejor estoy dos años más sin sacar nada, o saco un par de cosas o un proyecto enorme. Que las cosas fluyan.
«Ahora que hay tanta saturación, para escuchar algo que vas a escuchar y no vas a volver… prefiero no hacer eso. Sobre todo porque ahora justamente creo que es cuando más merece la pena tomarse las cosas con calma y dar un producto de calidad»




