Un disco sin colaboraciones pero con mucho que contar
Tras agotar entradas en el Metropolitano hace un año con motivo de su décimo aniversario como cantante, era difícil predecir cuál sería el próximo movimiento de Dellafuente. El 10 de mayo lanzaba sin previo aviso AGRADECÍO, sencillo que dejaba a sus fans sumidos en la duda, ¿será una despedida o un nuevo proyecto?
La respuesta llegaría dos semanas después con otro single, Caravaggio, y un videoclip en el que dejaba ver un museo de su propia trayectoria, con todos sus reconocimientos y proyectos pasados. De esta forma tan curiosa el granadino anunciaba el lanzamiento de BRIGADO en un post de Instagram. El disco se compone de 12 temas sin colaboraciones, ya que en palabras del propio Dellafuente: “Las gracias se dan en primera persona”.
En el caso de la producción ha contado con algo más de compañía, desde su incondicional Antonio Narváez hasta nuevas promesas como ULI, o su paisano Miguel Cantos —más conocido como Saiko—. A nivel sonoro, el disco mezcla infinidad de ritmos como la salsa, el bolero, la rumba o el flamenco, aunque no dista mucho de las fusiones utilizadas en sus anteriores lanzamientos.
Se trata de un proyecto que, lejos de ser una reinvención, es una mirada hacia el pasado, hacia todo lo que fue y lo que ha conseguido hasta ahora, plasmada de la forma más emocional e íntima posible. Dellafuente busca profundizar en aquello que siempre le ha hecho diferente desde otro prisma: la tranquilidad, el amor por su familia y las lecciones que le ha dado la vida con el paso de los años. El resultado es un trabajo que transmite madurez, serenidad y una sensación constante de libertad.
De esta forma BRIGADO se consagra como la última pieza en la categoría de “Música folklórica atemporal”, el género creado por Dellafuente para calificar su música desde sus comienzos. Es un disco que crece con el tiempo, y que acaba en parte con el pensamiento de darle muerte a su personaje. No se presenta como una despedida, sino como otra etapa más en su carrera.




