El pasado 24 de abril, Quevedo publicaba su tercer álbum de estudio, EL BAIFO, un disco lleno de canariedad descrita a la perfección por el propio artista. Con 14 temas en su tracklist, el álbum refleja la apuesta del artista por un sonido propio; aunque el reggaeton marca la línea principal del proyecto, el disco se abre a otros ritmos especialmente arraigados en las islas como el merengue y el vallenato.
El disco se adelantó con dos singles que ya prometían. Primero NI BORRACHO, un regalo para los canarios que explotó en carnavales, y luego SCANDIC, el tema que Quevedo bautizó como banda sonora del pre-verano. Detrás del sonido, productores como GARABATTO, PANA.YMB e IZAK —»la joya de los beats»—dan forma a este proyecto, manteniendo esos ritmos tan característicos del artista.

ESTÁ EN CASA abre el disco como una declaración de intenciones más emocional que sonora. Quevedo no busca impactar de primeras, sino situarse: habla de volver, de reconectar con ese lugar —físico y mental— donde realmente se siente cómodo. Es una intro contenida, casi reflexiva, que sirve para entender desde dónde se construye todo el proyecto.
En ese sentido, la outro de ESTÁ EN CASA no se queda en cierre, sino que actúa como puente directo hacia CAPRICHOSO. Ese enlace convierte el arranque del disco en algo continuo, pensado como narrativa más que como tracks aislados.
CAPRICHOSO entra con un reggaetón mucho más agresivo y directo, el artista abandona la calma introspectiva del inicio y se mete de lleno en un personaje: Quevedo como «el baifo», «el chiquillo», «el caprichoso». Hay actitud, juego y calle sobre un beat sólido que rompe por completo la atmósfera anterior y eleva el disco a un reggaeton pegajoso de los que le caracterizan.

EL BAIFO no solo da título al tema, sino que introduce una de las claves simbólicas del disco. En Canarias “baifo” se le dice a la cría de la cabra, en el proyecto funciona como metáfora de proceso, de crecimiento y de afirmación, de ahí que el artista se denomine así. A eso hay que sumarle la referencia al término GOAT (Greatest Of All Time), que viene siendo «cabra» en inglés, lo que conecta con esa idea de aspiración y de grandeza, pero desde una posición todavía con margen de mejora.
Esa dualidad —entre lo que se es y lo que se puede llegar a ser— atraviesa toda la canción, no solo por concepto, sino también por lo musical: el estribillo recupera directamente el de Vivo en un archipiélago de Manuel Negrín “Pololo”, un himno que ha sido reinterpretado por múltiples artistas de las islas y que ahora Quevedo vuelve a traer al presente.
GÁLDAR se plantea como una invitación a vivir el presente, con un reggaetón lento que prioriza la sensación sobre la urgencia. La colaboración con Tonny Tun Tun no solo suma en lo sonoro, sino que aporta ese aire caribeño y festivo que conecta directamente con la tradición de las verbenas en las islas.


En AL GOLPITO, Quevedo recoge esa idea tan ligada a la cultura canaria de ir sin prisa, poco a poco pero sin pausa. Junto al grupo tinerfeño Nueva Línea, formado por cuatro voces femeninas que invitan a no llegar tan deprisa, sino disfrutar el proceso.
Por su parte, ALGO VA A PASAR junta por primera vez a LOS ROOKIES; Quevedo, La Pantera, Lucho RK y Juseph en un mismo tema, después de años orbitando dentro de la escena sin estar precisamente juntos pero tampoco separados. El resultado es un reggaetón que gira en torno al disfrute del momento, la celebración de lo conseguido y esa sensación de que, cuando se reúnen, la noche siempre termina desbordándose. Más que una advertencia, el título funciona casi como una afirmación.
En 2010YPICO, Quevedo se aleja del hedonismo para entrar en una ruptura marcada por la nostalgia y el apego, donde soltar no es tan sencillo. Ese 2010 y pico funciona como refugio emocional, como vuelta a una etapa más inocente en la que todo parecía más fácil y el amor aún no pesaba tanto.
HOOKAH Y CALOR apuesta por un afrobeat cálido y continuo, centrado en la intimidad, el deseo y lo cotidiano, sin conflicto ni drama, solo dejándose llevar. Por otro lado, FLAKITO introduce una eterna nostalgia donde el recuerdo ya no pesa, sino que sirve para cerrar etapas y seguir adelante.
La octava isla
LA GRACIOSA viene junto a Elvis Crespo, un cantante que sin ser de las islas, ha dejado un legado importantísimo, donde su música lleva años formando parte de carnavales y verbenas. La canción tira hacia el merengue, pero adaptado a un sonido más actual, sin que suene antiguo ni forzado. Funciona porque es natural, Quevedo se mueve cómodo y Elvis Crespo aporta ese punto clásico que eleva el tema sin eclipsarlo.
Al final, más que una colaboración puntual, se siente como un cruce entre generaciones que comparten un mismo espacio: las verbenas. Y ahí es donde el tema encaja dentro del disco, reforzando esa idea constante de comunidad, de isla y de celebración.
MI BALCÓN se mueve en un plano más íntimo, utilizando esa imagen tan propia de Canarias como un espacio entre lo privado y la calle, donde parar y observar. En las islas, los balcones no son sólo arquitectura, son parte de la vida diaria, lugares desde los que se mira el barrio, se toma el aire y se mantiene ese contacto constante con lo que pasa fuera sin dejar del todo lo de dentro.
El track catorce
El disco se cierra con HIJO DEL VOLCÁN, una pieza que funciona como catarsis final. En ella, la canción se abre a una dimensión más colectiva y simbólica al contar con la colaboración de Los Gofiones, histórica rondalla de música popular canaria y uno de los grandes referentes culturales de Gran Canaria. La fusión entre los ritmos contemporáneos del álbum y la raíz folclórica del grupo aporta una profundidad emocional que trasciende lo meramente sonoro.
Lejos de ser un cierre convencional, la canción se construye como un acto de reivindicación territorial y memoria compartida, donde la herencia volcánica del archipiélago se convierte en metáfora de resistencia, origen y pertenencia. Las voces corales de Los Gofiones elevan el tema hacia un plano casi ritual, reforzando ese sentimiento de comunidad y legado que atraviesa toda la composición. Así, HIJO DEL VOLCÁN no sólo clausura el disco, sino que lo resignifica, dejando una huella que conecta lo personal con lo colectivo y lo contemporáneo con lo tradicional.
Canarias suena distinto
Cualquiera que no haya vivido en las islas difícilmente va a entender la magnitud real de las colaboraciones del disco. Sobre el papel, puede chocar que un artista mainstream como Quevedo colabore con una rondalla como Los Gofiones o con el rey del merengue, Tony Tun Tun. Pero más allá de lo evidente, hay una intención clara, Quevedo mira hacia casa y convierte el disco en un homenaje a esos ritmos que suenan día sí y día también en las islas, formando parte de la identidad cultural.
Y ya no es solo por las colaboraciones, el disco, en general, está lleno de guiños al archipiélago y a la cultura canaria. Desde el propio título, ‘El Baifo’ —la cría de la cabra—, hasta nombres como ‘Gáldar’, un municipio al norte de la isla de Gran Canaria, o ‘La Graciosa’, la octava isla y la más pequeña de todas. Se ha hablado mucho de si hay un trasfondo político en todo esto, pero a veces no hace falta darle tantas vueltas, poner en valor la cultura, las tradiciones y lo propio para que no se pierda ya es, en sí mismo, una forma de posicionarse.

El concepto del disco tampoco se entiende sin su parte visual. La portada está realizada por el artista canarión Capi Cabrera, que también se ha encargado de dar forma a los visualizers de cada tema y de pintar la carroza de Carnaval que sale en el videoclip de NI BORRACHO, manteniendo una estética coherente de principio a fin.
En definitiva, EL BAIFO es un disco de raíces más que de modas o hits. No busca únicamente sonar bien ni encajar en tendencias pasajeras, sino situarse en un territorio propio, donde lo importante es seguir conservando esa identidad que hace tan especial al archipiélago canario.




