El artista granaíno demuestra que no necesita seguir los tiempos de la industria para generar impacto
Tras dos años sin sacar música propia, Dellafuente sorprende a sus fans con Agradecío. El single aterrizó sin previo aviso el 10 de mayo, sin alimentar al engagement ni pistas que descifrar. El artista ha mantenido su esencia imposible de prever que tanto engancha en su comunidad, y tan bien le ha funcionado. En cuestión de segundos, las redes se inundaron de reacciones y celebraciones por su regreso.
El lanzamiento se suma al universo del artista en el que combina el flamenco, la música urbana y los sonidos electrónicos con una narrativa íntima, introspectiva y chulesca. Sin embargo, Dellafuente canta desde un lugar menos desafiante y más contemplativo, tras el vértigo que supuso el Metropolitano en junio del año pasado y la exposición masiva que siempre ha rechazado.
En Agradecío no hay una producción exhibicionista ni demasiado técnica. La intención de dar peso a la voz se encuentra en los silencios y pausas medidas. Por otro lado, las armonías casi solemnes generan una sensación espiritual y trascendente, dando lugar así a la reflexión, no solo del propio artista, sino también para los oyentes. Dellafuente parece haber escrito una carta de amor y gratitud a los suyos, una técnica que le ha permitido conectar a un nivel personal con sus fans.
La evidencia de su genialidad reside en la intención con la que da cada pisada. El tema nunca llega a romper, se queda siempre a medio camino de crecer. Y es precisamente esa tensión retenida que dota de intimidad, como si en lugar de una canción, escuchases el propio pensamiento de Dellafuente.

Si algo ha demostrado este artista es que las reglas de la industria no sirven para llegar a la cima. Apostar por temas introspectivos en una escena llena de “fronteo” y beats agitados, o ignorar los plazos estratégicos para conseguir hits, ha sido la clave del éxito del nombre más respetado de la música urbana de la última década.




