Toldos Verdes: «Es muy loco sacar un segundo disco, ya no es algo individual o puntual sino que empieza a ser una trayectoria»

En la estrecha relación que tiene el sentimiento de amar con la música, hay discos que nos sirven como certeza de sus buenas migas, y Hace tiempo que quiero estar así, el segundo trabajo de Toldos Verdes, es el ejemplo perfecto de ello: un álbum que no busca nada más que la interpretación de cada uno, y que termina consolidando al cuarteto madrileño dentro del ecosistema del pop-rock indie nacional con una personalidad cada vez más reconocible.

Formado por Álvaro Vidal (voz), Luis Ghenu (guitarra), Laro Gómez (bajo y coros) y Jose Guereñu (batería), el grupo empezó a tomar forma a finales de 2022, cuando comenzaron a publicar sus primeras canciones. Cuatro años después de aquel punto de partida —y tras un primer disco que los colocó en el radar de una escena siempre atenta a lo que se cuece entre guitarras y sensibilidad— regresan con un trabajo que respira madurez sin renunciar a la emoción inmediata.

Foto grupal. De izquierda a derecha: Laro Gómez, Luis Ghenu, Jose Guereñu y Álvaro Vidal

El lanzamiento llegó el 13 de febrero, tras varios adelantos publicados durante los meses anteriores: Somos tan malos cada dos por tres, San Petersburgo, Ascensión Bielsa y Regalarte flores. Cuatro pistas que ya dejaban ver el tono del proyecto: menos impulsivo que el anterior, pero mucho más reflexivo y cohesionado.

Para entender mejor este nuevo capítulo, hablamos con Álvaro Vidal, vocalista del grupo, que explica que el recorrido de Toldos Verdes es tan orgánico como su música:

«Nos conocíamos del barrio, los dos Álvaro éramos de la misma zona, yo estudié con Luis y a Laro lo conocimos en el Festival Observatorio. Un día quedamos para tocar, él se agarro al bajo, yo a la guitarra… y ahí empezó todo».

Antes de ser Toldos Verdes, sin embargo, el grupo pasó por varios nombres y una etapa creativa bastante distinta. “Era otra cosa completamente”, incide: “Hacíamos música más experimental, con influencias de bolero argentino y rock argentino. Cuando apareció el nombre de Toldos Verdes también cambió bastante el sonido”.

Curiosamente, el origen del nombre tampoco está del todo claro. Según Vidal, la teoría más aceptada apunta a Laro.

«Él dice que lo propuso un día, aunque ninguno lo recordamos. En un cumpleaños insistió: ‘¿por qué no le llamamos Toldos Verdes?’. Y fue como: ‘hostia, está increíble'».

Portada del disco Toldos Verdes (su primer disco en 2024)

El resultado fue una identidad que, con el paso del tiempo, ha ido consolidándose. Hoy el grupo afronta la publicación de su segundo disco con una mezcla de vértigo y entusiasmo.

«Es muy loco sacar un segundo disco», confiesa Vidal. «Ya no es algo individual o puntual. Empieza a ser una trayectoria».

Del chorro de agua al pulso contenido

Comparar el nacimiento del grupo con su situación actual es casi inevitable. Si hubiera que resumir esa evolución, Álvaro tiene claro cómo hacerlo.

«El primer disco era como un chorro de agua cayendo sin control. Solo potencia», explica. «Este, en cambio, sigue teniendo energía, pero también tiene más dulzura y más ternura».

Ese cambio se percibe desde la primera escucha. Hace tiempo que quiero estar así mantiene la sensibilidad guitarrera del grupo, pero se mueve en tempos más calmados y en atmósferas más contemplativas. La producción también da un salto evidente en calidad y coherencia sonora. Detrás de ese avance está el trabajo del productor Diego Escriche, conocido por su proyecto Épona HD, que ha ayudado a darle forma definitiva al álbum. Aunque, según Vidal, el cambio no nace únicamente de ahí.

DIEGO ESCRICHE

«Cuando las canciones llegaron a Diego ya estaban hechas», explica. «Pero él las entendió perfectamente. Da un poco de vértigo enseñarle tus temas a alguien externo, porque es algo muy tuyo, pero le puso muchísimo amor». Más que transformar el sonido, Escriche supo potenciar lo que ya estaba ahí. «Escucha muchísima música y sabe muchísimo. Propuso cosas y se hicieron casi todas… y lo mejor es que no hubo nada de ego por ninguna parte», cuenta el vocalista. .

El resultado es un disco con un sonido más homogéneo, capaz de transmitir una narrativa emocional coherente sin perder la espontaneidad que caracteriza al grupo.

El amor en sus pequeñas coordenadas

Como ya mencionamos previamente, si hay un hilo conductor claro en el álbum es el amor. Pero no el amor grandilocuente ni épico, sino el que se construye con gestos cotidianos. Letras como “coger el metro y que haya asiento”, “quedar contigo y que siga haciendo sol” o “andar sin prisa por el Retiro” sintetizan perfectamente la primera parte del disco: una celebración sencilla de los momentos compartidos. Para Álvaro, la escritura funciona casi como un diario.

«Me parece raro escribir para que la gente conecte», dice. «Eso sucede o no sucede. Para mí escribir es contar lo que me pasa». Y lo que aparece en el disco es una visión compleja del amor. Hay ilusión, pero también dudas, nostalgia y frustración. «Queríamos representar todos los espectros», explica. «El amor también tiene momentos en los que somos unos gilipollas, y eso forma parte de la historia».

La canción Somos tan malos cada dos por tres, por ejemplo, nace precisamente de esa idea: reconocer los errores dentro de una relación.

El álbum arranca con un bloque inicial lleno de optimismo. Regalarte flores abre la puerta a un relato donde el enamoramiento se vive sin pensar demasiado en las consecuencias. Para Vidal, esa elección era fundamental.

«Tenía clarísimo que el disco tenía que empezar con Regalarte flores”, explica. “Habla de ese inicio del amor en el que quieres ver a la otra persona todo el rato, pero todavía no te atreves a decir ciertas cosas».

A partir de ahí el álbum evoluciona emocionalmente. Canciones como Ascensión Bielsa ralentizan el pulso y hablan de la nostalgia de no poder compartir el tiempo con alguien importante. En el centro del disco aparece la canción que da título al proyecto, Hace tiempo que quiero estar así, concebida como un mantra.

«Queríamos que estuviera en el corazón del disco», cuenta Álvaro. «Es una frase que te repites». Ese «estar así» es, según el vocalista, un estado emocional muy concreto: aprender a vivir el amor sin miedo, con cuidado y con cierta conciencia del presente. «Es tratar el amor con tacto y con mimo», resume. «Y también tratarte bien a ti mismo».

El conejo en bicicleta

La idea se refleja también en la portada del disco, creada por María Pérez Trillo, una ilustración que representa a un pequeño conejo montando en bicicleta con una bandera detrás. La imagen, aparentemente simple, condensa muchas de las sensaciones del proyecto.

«Está feliz, pero no del todo», explica Vidal. «Tiene como media sonrisita. Está ahí, tranquilo, en su bici, disfrutando».

Portada de Hace tiempo que quiero estar así (2026)

La estética puede parecer infantil, pero al mismo tiempo conecta con el tono nostálgico del álbum. Esa mezcla de ingenuidad y madurez define bastante bien el universo emocional del grupo en este trabajo.

Amar, dar vueltas y volver a empezar

La segunda mitad del disco vuelve a cambiar el ritmo narrativo. Paz mundial recupera la energía y la ilusión del enamorado —“todos los días pienso en volver a verte”— mientras que San Petersburgo introduce una perspectiva más reflexiva sobre el amor impulsivo.

Después llega uno de los momentos más intensos del álbum: Contigo en sitios.

La canción, una de las favoritas del grupo junto a Regalarte flores y Estoy al otro lado, apuesta por un sonido más rockero para transmitir una idea sencilla: querer compartir la vida con alguien.

«Se expresa literalmente cuando decimos: quiero estar contigo en sitios, todos los sitios».

El disco se aproxima al final con dos temas que abordan el otro lado de la historia. Que no y, sobre todo, Me duele la cabeza, exploran la confusión emocional que también es parte del amor, esa sensación de pensamientos que giran sin parar dentro de la cabeza. Un cierre que mantiene la coherencia emocional del proyecto.

Un disco sin invitados

A diferencia de otros proyectos actuales, Hace tiempo que quiero estar así no incluye colaboraciones vocales.

«La idea estuvo sobre la mesa, pero finalmente decidimos descartarlo, teníamos claro que estas canciones eran muy nosotros», explica Vidal. «Cuando lo escucho pienso: esto es Toldos Verdes«.

Para él, las colaboraciones funcionan mejor cuando existe una relación previa.

«No es algo que se pueda, o que queramos forzar, y al final se dio así y estamos muy contentos con el resultado», admite.

Foto del grupo

Canciones hechas para el directo

Si algo define la música de Toldos Verdes es su conexión con el directo. Y este disco no es una excepción. Las nuevas canciones mantienen la energía que ya caracterizaba sus conciertos, pero añaden momentos más introspectivos que amplían la experiencia.

«En los ensayos estamos gozando», cuenta el vocalista. «Hay temas para saltar y bailar, pero también para abrazarte a quien tengas al lado».

El grupo presentará el álbum en una gira extensa por salas, con un inicio muy especial en la Sala But de Madrid, una cita que para ellos tiene un significado particular. «Que el primer concierto sea allí nos explota la cabeza», reconoce.

Fechas de la gira de Toldos Verdes para 2026

Arganzuela, primavera y cien años después

Aunque el grupo se mueve hoy por distintas zonas de Madrid —muchos viven ahora cerca de Oporto o Urgel—, el barrio de Arganzuela sigue siendo su punto de origen.

«Ahí ensayábamos, ahí quedábamos en parques o bares», recuerda Vidal. «Es nuestra casa».

Si el disco fuera una estación del año, también lo tiene claro: primavera.

«Es ese momento en el que el tiempo está perfecto», dice. «Te coges una bici, sale el sol y todo se siente más agradable».

Una metáfora que encaja perfectamente con el espíritu del álbum: una sensación de calma y felicidad contenida, como si algo que llevabas tiempo esperando finalmente hubiera llegado. Por eso, cuando le preguntamos qué le gustaría que sintiera alguien que descubra este disco dentro de cien años, la respuesta no gira en torno al éxito ni a las cifras.

«Que sienta que hay cariño detrás del trabajo»

Porque al final, en el universo de Toldos Verdes, la música funciona exactamente así: como un gesto de cuidado que, si todo sale bien, puede terminar conectando con la vida de alguien.

«Y quizá esa sea la mejor forma de… estar así»

Adrián Martín
Adrián Martín
Artículos: 29

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *