La borrasca Eladio Carrión arrasa el Martín Carpena en Málaga

Un espectáculo demoledor convierte el recinto en una noche inolvidable

La lluvia llevaba horas cayendo afuera del Palacio de Deportes cuando las gradas del Martín Carpena seguían llenándose. En la cola nadie se movía. Había gente sentada en el suelo, otros de pie, algunos abrazados para no perder el sitio. Las camisetas con la flor de sauceboyz se iban oscureciendo con el agua. Una chavala enseñaba orgulloso un tatuaje con la mariposa de Monarca recién hecho en el antebrazo. Otro sujetaba una pancarta ya medio rota. Parecía que daba igual mojarse.

Dentro, el pabellón estaba medio a oscuras. La gente entraba emocionada, se colocaba, miraba al escenario y volvía a mirar. De fondo sonaban temas de Beny jr y Morad y, de vez en cuando, alguien levantaba el brazo y cantaba una frase suelta. La espera estaba llegando a su fin, miles de fanáticos que llevaban meses, años o incluso una vida entera esperando ver a su ídolo, estaban a punto de tachar el sueño de la lista.

De repente las luces parpadearon una vez. Luego otra. El murmullo se rompió, los gritos ensordecían a los pocos que no eran capaces ni de abrir la boca. El humo nubló el escenario. En las pantallas empezó una película. Una lucha épica entre samuráis. El personaje que quedaba en pie tenía la cara de Eladio. Cuando entró en el ascensor y las puertas se cerraron, nadie miró a la pantalla. Todos miraban al escenario.

Las puertas se abrieron delante de ellos. Eladio salió caminando, traje oscuro, un dragón chino brillante en su espalda. Miles de voces chocaban a la vez, casi opacando la voz del verdadero protagonista. No quedaba un solo flash por encender, todos querían inmortalizar el momento. Los épicos arpegios de Invencible —la intro de DON KBRON—, reventaron los altavoces y cuando Eladio dijo: «Yo me siento invencible cada vez que abro mis fucking dos ojos«, el ritual dio comienzo.

Mosh pit show

Junto a él, los bailarines fueron saliendo uno a uno. De Invencible a Ohtani y de Ohtani a Vetements. Tres bangers seguidos, con apenas un «buenas noches Málaga» como descanso. La puesta en escena seguía su curso, con H.I.M., empieza una pelea en mitad de la tarima, Eladio contra sus bailarines, la coreografía estaba diseñada al detalle.

El sauceboyz no le bajaba al trap, continuó con Broly, THUNDER Y LIGHTNING, Si la calle llama, Heavyweight y Kemba Walker. Temas que inundaron el front stage y la pista de pogos, el Martín Carpena se sumía en un seísmo musical. El público no falló ni una sola barra, la atmósfera era mágica. Entre hit y hit se toma unos segundos de respiro y aprovecha para recoger y agradecer algunos regalos de sus fans. También se acuerda de los que estuvieron horas acampando en la cola para disfrutar más que nadie de su show.

La transición del malianteo a lo bailado comienza con Romeo y Julieta, un auténtico palo. Los visuales y estética tanto del escenario como de la indumentaria de Eladio cambian. Pasan de ser paredes de callejones crudas y serias a iluminarse con letreros de neón japoneses, llevándonos a la Tokio urbana nocturna. Eladio se quita el traje y se viste de cantante, vaqueros rotos caídos, camiseta con piedras brillantes y los accesorios indispensables: gorra y cadena.

Con su ya archiconocido discurso del 50/50, el de Humacao introduce 100 conmigo, y da comienzo el bloque melancólico y romántico del concierto. Aunque bajaran los bpm de los temas, el sentimiento de unión con su público y la emoción del mismo se incrementó. Se sucedieron 3 am, Todo o nada, Paz mental, Como vas, Me gustas natural, TQMQA, Flores en anónimo y Quizás, tal vez —algunos lloraban, otros bailaban y la mayoría solo recitaba a grito pelado cada verso de las canciones como si de un rezo se tratase—.

Lo de Eladio Carrión es difícil de explicar, en su show el público lloraba mientras saltaba y cantaba, hasta en las cortavenas había quien parecía estar en una rave. La conexión que tiene con sus fanáticos es única, pocos artistas tienen lazos tan fuertes con sus oyentes como el puertorriqueño. Así lo expresó durante el concierto: «Yo tengo los mejores fanáticos del género, ustedes también son mi familia«.

Los latidos de los bajos que resonaban desde la primera fila hasta las gradas vuelven a subir con Coco Chanel, una vez más todo el estadio la corea «brincando». Después de interpretar Sigue bailándome y Primer lugar — su reciente colaboración con Omar Courtz—, en la pantalla se despliegan los visuales de los Archivos Eladio. Al grito de «pronto sale mucha música incluida esta«, sonaron Ricky Bobby y Arizona, junto a Danny Towers y Midnvight.

Recta final

El final de la noche cada vez estaba más cerca, Eladio lo sabía y decidió recompensar la respuesta del público haciendo lo que el denominó un «sauceboyz karaoke». Sonaron Betty, 4 am, Especial, Progreso, Tata, Glizzy Walk 2.5, Habla claro, Socio, Padre Tiempo, Cómodo y Sin frenos. Demasiado tema seguido desgasta, tanto que el rapero boricua necesitaba un descanso, se tumbó en el escenario mientras sonaban unas rolas que no están en Spotify pero seguro que te las sabes enteras: Mi primera chamba y Sin condón.

Llegamos al desenlace de la velada, pero la traca final no decepcionó. Después de poner un preview de lo próximo que está por llegar, cantó Hugo y la Bzrp Music Session para marcharse sin decir ni siquiera adiós. Cuando la gente estaba a punto de abandonar el recinto, volvió para interpretar el último tema del show y despedirse como es debido: con Mbappé. Entre confeti, aplausos y el amor de su público Eladio Carrión abandonaba el Martín Carpena bajo la promesa de regresar pronto.

*Agradecimiento a SFX Events por la invitación.

Pedro Romero
Pedro Romero
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