Personalidad y desarrollo
MISCALL —Yago Espinosa Delmas— no es precisamente un nombre nuevo para quien lleve unos años asomándose a la periferia del rap español. Su crecimiento no ha sido el de una irrupción viral ni el de un single pegadizo replicado en TikTok, sino el de la constancia.
El público empezó a reconocerle en espacios muy concretos: actuaciones ligadas a la comunidad del freestyle, presencias en BDP (Batalla de Promesas) o en LFD, donde defendía temas propios en directo y donde, más allá de competir, se evidenciaba algo que siempre ha definido su perfil: la voz.

Una voz expresiva, con matices, con cierto dramatismo natural que convertía sus barras en algo más cercano a un discurso que a una simple interpretación. Desde Galicia, MISCALL se fue haciendo hueco en la escena gracias a una escritura muy consciente de sí misma y a un carácter interpretativo que siempre parecía estar al borde de la confesión.
Su anterior trabajo bajo el sello EL PATIO, Del Enfermo Para El Enfermo (2024), consolidó esa imagen: un rapero agresivo en el registro, centrado en la coherencia lírica y con el texto como principal protagonista. Sin embargo, 2026 trae algo distinto. Yago no abandona su capacidad lírica —sería imposible—, pero sí pone el freno para cambiar la dirección.

hasta que volvamos a vernos, publicado el 9 de febrero, es un EP autoproducido de cinco canciones que se adentra en la memoria, las pasiones y la psique de un artista que empieza a mirarse con distancia. El mensaje sigue siendo importante, pero ya no es lo único. MISCALL ha decidido crear un contexto alrededor de sus palabras: ahora importa tanto lo que dice como dónde y cómo lo dice.
La variedad como nueva carta de presentación
Este EP funciona como la “portfolio” del “nuevo” MISCALL. El artista ha decidido darle descanso a un enfoque más arcaico del rap —sin renegar de él— y explorar la música como espacio completo, no únicamente como soporte del mensaje.
La primera diferencia es sonora: más instrumentación orgánica, mayor uso de samples y una apuesta melódica más evidente. El rapero gallego se atreve a salir de la comodidad del boom bap, diversifica los patrones rítmicos y experimenta con tempos que exigen otro tipo de interpretación.

Lo interesante es que el cambio no suena forzado. MISCALL sigue siendo MISCALL. Las letras siguen siendo el centro emocional, pero ahora están rodeadas de atmósferas que dialogan con ellas. En algunos momentos la base acompaña; en otros, contradice; en otros, directamente guía el estado anímico del tema.
También destaca el trabajo vocal. Yago juega con su registro más de lo habitual: cambia intensidades, introduce melodías, modula la interpretación.
hasta que volvamos a vernos termina funcionando como un dossier del artista que quiere ser —y que está empezando a ser—. Más que un simple EP, es una declaración de futuro: la razón por la que podemos ilusionarnos a corto, medio y largo plazo con su carrera.
MISCALL ha venido a divertirse
El EP tiene varios momentos notables, pero hay dos que explican especialmente bien la evolución de Yago.
El primero llega desde el inicio. mieverything abre el proyecto con un saxofón de aire blues que envuelve la escucha con un calor inesperado. Ese abrazo sonoro rompe después en un boom bap enriquecido con percusión adicional y, poco a poco, aparece un sample vocal.
La sorpresa: se trata de un versionado de Love Sosa (2012) de Chief Keef. El fragmento se regraba, se transforma en melodía y encaja en un ritmo más lento, cercano al jazz. El resultado es sorprendente: lo que nació como un himno drill termina convertido en un elemento melódico introspectivo. Es un ejemplo perfecto de cómo samplear puede otorgar la base ideal para crear un himno nuevo sin depender del original.

El segundo gran momento —y probablemente el más contundente— es elbuendolor, cuarto corte del EP. Una canción aparentemente lenta y cargada de mensaje en la que MISCALL flota sobre sintetizadores protagonistas. Estos construyen y destruyen la energía del tema: suben, tensan, envuelven la paranoia emocional del artista.
La interpretación alcanza un punto de máxima tensión y, de repente, explota. Tras esa liberación, la canción muta hacia un ritmo melódico agudo que apaga la rabia y provoca una sensación casi contemplativa. La experiencia es extraña y muy efectiva: escucharla puede hacerte sentir, durante unos minutos, lejos del ruido urbano, como si caminaras por un bosque silencioso.
La capacidad emocional de elbuendolor es el mejor argumento para entender que nuestro protagonista de hoy ya no solo escribe bien; ahora también construye experiencias.
Ecos reconocibles: la sombra de Delaossa en elbienenmi
El tercer track, elbienenmi, abre inevitablemente un debate dentro de la escucha. Su estructura, la cadencia vocal y los coros recuerdan al sonido que Delaossa desarrolló entre 2019 y 2020.
Es una comparación difícil de evitar y, al mismo tiempo, no debe leerse como una copia. Yago posee una identidad clara, y el propio EP demuestra que su creatividad no depende de sonar como otro artista. La canción funciona más como un experimento: probarse en registros distintos, explorar tonos emocionales cercanos a un rap más melódico.

Sin embargo, existe una consecuencia natural. Cuando un tema remite a un sonido tan identificable, la percepción cambia. El oyente deja de centrarse exclusivamente en la canción y empieza a compararla. En mi caso, elbienenmi podría ser mi favorita del proyecto, pero la asociación constante con otro imaginario le resta impacto.
La despedida como punto de partida
hasta que volvamos a vernos es un EP impresiona por la honestidad del proceso. MISCALL no intenta demostrar que puede hacerlo todo; demuestra que puede evolucionar.

El rapero gallego ha pasado de ser un escritor sólido con actitud combativa a convertirse en un artista que piensa en la obra completa. Si este trabajo representa algo, es el momento exacto en el que un rapero deja de ser solo un buen MC para empezar a ser autor. Y esa transición —si la mantiene— es la que puede situarle definitivamente en conversaciones más amplias dentro del rap español underground.
No es un final, ni siquiera un cierre. Es un aviso de que Yago ha decidido mirarse por dentro, y cuando un artista empieza a entender el sonido como parte del discurso, suele significar que su mejor etapa todavía no ha ocurrido.



