Ocho años comunicando con el silencio
Ocho años en la música contemporánea son casi una era geológica. Tendencias que nacen, explotan y se agotan; panoramas que mutan; públicos que cambian radicalmente de postura. Y desde luego, han pasado mil cosas en la escena desde TESTING (2018), pero finalmente y haciendo ruido, en enero de 2026 aterriza DON’T BE DUMB, el nuevo álbum de A$AP Rocky.

El rapero regresa con su cuarto proyecto de larga duración y, llega como una declaración sobre qué significa ser Rocky hoy por hoy.
La expectación no era menor. Durante años, el rapero neoyorquino fue dejando pistas, descartando versiones y aparcando maquetas que no terminaban de convencerle (llegó a anunciar el disco hasta 7 veces desde 2021).
El proceso creativo de la obra que hoy podemos disfrutar se concentró principalmente en los últimos tres años, después de que Rocky decidiera que lo que tenía entre manos no estaba a la altura de lo que quería que fuese el siguiente gran paso de su carrera. Ese perfeccionismo, o quizá esa tranquilidad vital, se traduce ahora en un disco que debuta con 35,4 millones de escuchas en Spotify en su primer día y que apunta a unas 120.000 unidades vendidas en su primera semana.

Experimentar sin romperse: Rocky frente a su propio espejo
A$AP Rocky nunca ha sido un rapero que se sienta cómodo establecido en la repetición. Desde LONG.LIVE.A$AP hasta TESTING, su carrera ha estado marcada por la curiosidad sonora y la voluntad de tensar los límites del hip hop. A día de hoy, esa pulsión experimental sigue presente, aunque se manifiesta de forma distinta.

El disco se percibe menos rompedor que sus trabajos anteriores, pero compensa esa menor sensación de riesgo con directrices más claras, una simpleza muy pulida y un mensaje coherente de principio a fin. Rocky experimenta, sí, pero lo hace sin perder la estabilidad.
El mejor ejemplo para dejar clara su postura más conservadora son canciones en las que, sin duda, Rocky está abrazando estructuras orgánicas del rap que dan lugar a cortes especialmente sólidos como STOLE YA FLOW, STOP SNITCHING o HELICOPTER.
Como dato curioso de HELICOPTER, puedo comentar que Playboi Carti tenía un verso que finalmente no llegó a la versión final. Personalmente, celebro esa decisión: Carti no habría encajado con el tono general del disco, más centrado en el control, la presencia y la narrativa personal de Rocky que en el desenfreno estilístico.
Visualmente, todo este universo se ve reforzado por la dirección creativa de Tim Burton, una elección que no es anecdótica. Los visuales acompañan esa sensación de extrañeza elegante, de lujo oscuro y de caricatura sofisticada que siempre ha rodeado al imaginario de Rocky.
Temáticamente, el álbum gira alrededor de una idea muy concreta: la experiencia de ser A$AP Rocky en este momento vital. Su relación con Rihanna, la paternidad, la vida familiar y una indiferencia casi militante hacia la opinión pública articulan el discurso. Rocky rapea desde la certeza, desde el “esto es lo que soy” y no desde el “miradme, he llegado”.
A esto se suma su habitual componente egocéntrico, chulesco y estilístico: referencias constantes a su forma de vestir, a su estatus cultural y a su talento como artista, siempre con ese tono entre irónico y provocador que le caracteriza.
Una gran selección de colaboradores
Uno de los mayores aciertos de DON’T BE DUMB es su repertorio de colaboraciones. Ninguna aparece como un pegote comercial; todas se prestan al servicio del relato.
Las más destacadas, sin duda, son las de Doechii en ROBBERY y la de Brent Faiyaz en STAY HERE 4 LIFE, ya que ambas consiguen crear una inmersión y se diferencian dentro del conjunto del disco.
ROBBERY se mueve en un terreno sorprendentemente elegante. Sus tonos que beben del jazz y el blues aportan una sensación cálida y sofisticada, mientras que la sinergia entre Rocky y Doechii resulta natural, fresca y profunda.

En STAY HERE 4 LIFE, la presencia de Brent Faiyaz añade un componente emocional y melódico clave. El tema utiliza un sample de la instrumental de mewtwo de Ken Carson, aunque la historia es algo más compleja: Brent Faiyaz ya había usado esa base en una canción no publicada titulada Full Moon (Fall in Tokyo), que terminó sirviendo como cimiento para construir la versión definitiva junto a Rocky. El resultado es un tema envolvente, que funciona como uno de los momentos más introspectivos del álbum.
A nivel personal, también disfruto especialmente de las colaboraciones de BossMan Dlow y Sauce Walka en STOP SNITCHIN, donde la energía callejera se impone sin artificios, o la aparición de Slay Squad en STFU, que refuerza el carácter colectivo y agresivo del corte.
Mención aparte merece WHISKEY (RELEASE ME), una colaboración con Gorillaz que cumple con solvencia su papel atmosférico. Por otro lado, pese a que los adlibs y la textura que aporta funcionan, me quedo con la sensación de que Westside Gunn habría brillado con un verso propio, elevando aún más el carácter hip hop del tema.

Rihanna como eje vital, artístico y simbólico
Hablar del A$AP Rocky actual sin hablar de Rihanna es, sencillamente, imposible. Su relación comenzó a tomar forma pública tras años de amistad, entre colaboraciones puntuales en eventos y campañas de moda. Esta ha redefinido la narrativa reciente del rapero, Rihanna no es solo su pareja, es un eje emocional, familiar y simbólico dentro y fuera del disco.
Ese peso se percibe tanto en referencias directas como en el tono general del álbum, más asentado, más reflexivo. Rocky habla desde la estabilidad, desde la paternidad y desde una posición de calma poco habitual en el rap mainstream.

Pero Rihanna también aparece de forma indirecta en uno de los momentos más comentados del disco: STOLE YA FLOW. En este tema, Rocky lanza un ataque bastante explícito a Drake, insinuando que el canadiense copió su estilo musical y estético, y que, en respuesta, Rocky se “quedó” con Rihanna.
Es importante matizar el contexto: Drake y Rihanna habrían tenido una relación no confirmada públicamente antes de que ella iniciara su relación con A$AP Rocky, algo que Rihanna nunca llegó a confirmar. Aun así, el tema juega con ese imaginario y lo convierte en munición lírica. De hecho, el ataque no es más que una defensa, ya que quien comenzó a tirar perlas en canciones y entrevistas fue Drake.
Más allá del morbo, STOLE YA FLOW es un tema de hip hop enérgico, directo y efectivo, que está funcionando de manera contundente en charts y plataformas, consolidándose como una de las canciones favoritas del público y uno de los picos de intensidad del álbum.
¿Mereció la pena la espera?
En conjunto, DON’T BE DUMB es una obra bien trabajada y cuidada, cargada de la esencia de A$AP Rocky y con un abanico amplio de canciones disfrutables que transitan por géneros y atmósferas diversas. No es su álbum más experimental, y esa es quizá su mayor virtud y su mayor limitación al mismo tiempo.
Se percibe que Rocky ya no tiene la misma hambre de demostrar o crecer. Esa sensación aporta profundidad y honestidad, pero también deja entrever ciertas imperfecciones que en trabajos anteriores quedaban más disimuladas bajo la audacia sonora. Aun así, el resultado es un disco sólido, coherente y con personalidad, que expande una carrera ya legendaria sin necesidad de reinventarla por completo.

La espera, al menos desde este lado, ha valido la pena. La desilusión viene de otro lado, y es que Rocky ha anunciado una gira internacional que, por ahora, no incluye España.
A muchos podrá parecerle algo normal ya que aquí “hay menos público que en otros países europeos”, algo más que falso, ya que giras similares como las más recientes de Kendrick Lamar, The Weekend o Travis Scott en años anteriores han vendidos fechas completas en cuestión de horas.
Pero es que, además, si esa fuese la excusa, tampoco tendría sentido. La gira no pasa por ciudades como Madrid o Barcelona, pero si por localidades como Lodz (600.000 habitantes) en Polonia, o Kaunas (350.000 habitantes) en Letonia.

Excluyendo la falta de aprecio al mercado en España, el álbum nos regala algo que no siempre es fácil de encontrar en la música: la sensación de estar escuchando a un artista que sabe exactamente quién es. Y eso, en 2026, sigue siendo un lujo.



