Veinte años de carrera no suelen celebrarse a los 27. Abraham Mateo lo hizo sobre el escenario del Movistar Arena, convertido ya en un artista consolidado, pero sin olvidar que todo empezó cuando apenas era un niño. Dos décadas después, su trayectoria invita a mirar más allá de los números y preguntarse cómo ha logrado sobrevivir —y crecer— en una industria que rara vez perdona a quienes llegan demasiado pronto.
En un concierto para el recuerdo, acompañado de sus mejores amigos de la industria, Abraham Mateo conmemora su veinte aniversario en la música. Durante el show hizo un «viaje en el tiempo», interpretando algunos de sus mayores éxitos, canciones que como él mismo afirmó: «Es probable que no las vuelva a cantar». No solo hubo tiempo para la fiesta, Abraham dedicó unos minutos a recordar cuánto ha tenido que sufrir para llegar a donde hoy día está. Probablemente sea uno de los artistas españoles más criticados nunca, la precocidad de su éxito ha provocado que fuera objeto de odio desde una muy temprana edad.

Quién mejor para hablar del bullying que alguien que lo ha sufrido durante años. Con un vídeo de fondo en el que aparecían antiguos comentarios de youtubers como Wismichu o AuronPlay burlándose del cantante, Abraham Mateo lanzó un mensaje directo:
“Muchos te odiarán porque no pueden ser como tú. No dejes que otros te hagan sentir inferior. Si vamos a perder algo, que sea el miedo”
El gaditano es un caso poco habitual dentro de la industria, pues alcanzó la fama cuando apenas había dejado de ser un niño y, lejos de perderse en el camino, ha sabido crecer con ella, mantener los pies en la tierra y consolidarse como artista.
No se puede ser artista con 10 años
Lo de Abraham Mateo es talento innato, desde sus primeros pasos demuestra que tiene algo especial, su habilidad para el baile y su voz le ayudan a destacar desde muy pequeño. El gran escaparate inicial es Menuda Noche, el programa de Juan y Medio en Canal Sur, con tan solo siete años encandila al público andaluz con su desparpajo. Ahí se convierte en un rostro recurrente, junto a otros niños prodigio andaluces como Ana Mena.

Con apenas diez años lanza su primer disco, Abraham Mateo en 2009. El punto de inflexión llega en su adolescencia, cuando pasa de ser un fenómeno viral a una de las mayores promesas de la industria. Se convierte en un ídolo juvenil, cuya fama se dispara con el gran éxito Sexy Señorita (2013), un tema que ha acabado formando parte del patrimonio cultural de nuestro país. Ahora sí su impacto cruza el charco, cosecha millones de reproducciones en España y Latinoamérica. Algo más importantes que las views se genera alrededor de el artista andaluz: su fandom. Como cualquier cantante juvenil la mayor parte de sus fans suelen ser chicas adolescentes, de tal manera que su figura acaba asociándose a la infantilidad y llueven las primeras críticas.

Con los años el joven Abraham Mateo madura, y su música lo hace junto a él. Su disco A Cámara Lenta marca el gran paso de la adolescencia a su madurez como artista, en los años previos a su lanzamiento, su discografía acumula millones de reproducciones y colaboraciones de ensueño, pero carecía de lo más importante: el respeto de la industria.
A partir de este punto su sonido y estética sufren un cambio de 360º. La imagen de popstar adolescente desaparece, y de sus cenizas resurge un artista más adulto y urbano. Abandona el pop en inglés para acercarse a algo más desenfadado y bailable —aunque sin salir del marco comercial—, también su muta su público. Ahora sí nace un nuevo Abraham Mateo.
El poder de las raíces
Su siguiente gran proyecto es Sigo a lo mío, un disco continuista, aunque una gran apuesta en cuanto a colaboraciones: Becky G, Manuel Turizo, CNCO, Sofía Reyes y El Micha. Entre 2021 y 2025 acaba de consolidarse lo que representa el Abraham Mateo actual.
En Insomnio, Abraham Mateo da un paso que va más allá de una simple evolución estética. Sin romper con el pop comercial que lo ha acompañado durante toda su carrera, el disco marca un alejamiento consciente del pop genérico para acercarse a un sonido mucho más reconocible y personal. Su voz, ahora más rasgada y aflamencada, ocupa un lugar central, y el lenguaje —más directo, más genuino, más del sur— refuerza esa sensación de regreso a las raíces. Se siente como el resultado de un artista que ya no necesita disfrazarse para encajar y que se muestra con acento propio.

Ese cambio también se refleja en las decisiones que rodean al proyecto. Atrás quedan las colaboraciones internacionales pensadas para inflar cifras y playlists globales. En su lugar, Abraham Mateo apuesta por artistas nacionales, con una identidad musical cercana a la que él mismo explora ahora, priorizando la afinidad creativa sobre el impacto mediático. El sonido de Insomnio dialoga con la escena pop actual del país y, en algunos momentos, conecta incluso con la línea que sigue Lérica, el grupo de su hermano, con el que comparte no solo raíces familiares, sino una forma similar de entender el pop desde lo andaluz y lo emocional. En este punto de su carrera, Abraham Mateo no está buscando un nuevo pico de fama, sino coherencia artística.
La carrera de Abraham Mateo no se puede entender sin tener en cuenta cómo le llegó la fama y en qué momento vital lo hizo. Empezar tan joven implica crecer delante de todo el mundo, equivocarse en público y aprender bajo una presión constante que no suele perdonar. Durante años, su figura estuvo marcada por una mezcla incómoda de éxito masivo y rechazo, por una exposición permanente que generó críticas desmedidas y una imagen difícil de sacudirse. Lo fácil habría sido quedarse atrapado en ese personaje o desaparecer cuando dejó de encajar en él. Sin embargo, el tiempo ha terminado jugando a su favor. Hoy, Abraham Mateo parece un artista que ha pasado todas esas fases y tiene una identidad propia. Musical y estéticamente se le ve cómodo, seguro y reconocible, sin la necesidad de disfrazarse ni de perseguir validaciones externas. Después de veinte años en la música, su mayor logro no es haber empezado tan pronto, sino haber llegado hasta aquí con la sensación de haberse encontrado por el camino.




